Once piezas, y lo que hace cada una cuando la cosa se pone real.
Esto no es la lista de funciones. Es en qué casos te sirve cada parte, qué pasa cuando algo sale mal, y qué no hace. Las pantallas son las de verdad.
Tu peso real en LinkedIn, no tus seguidores.
Un cálculo propio de tu autoridad en LinkedIn, que se mueve con lo que publicas. Debajo, tus cifras de la semana para decidir la siguiente.

Publicas seguido pero no sabes si sirve de algo
Ves las cifras de tu semana juntas en la misma pantalla, así que dejas de mirar métricas sueltas.
No sabes a qué hora publicar
El mapa de calor sale de tus propios posts, no de un estudio genérico de otra industria y otro país.
Tu perfil lleva años sin tocarse
Ves tu autoridad real, no tus seguidores, y cómo se mueve con lo que publicas.
- Las métricas llegan por una sincronización periódica con LinkedIn: si se atrasa, lo que ves aquí también.
- La puntuación de autoridad es para perfiles personales, no para páginas de empresa.
- La primera sincronización tarda: una cuenta con años de historial no se lee en un minuto.
El banco de ideas nace de tus temas, no de una lista genérica.
Primero fijas los asuntos que son tuyos, hasta seis. Todo lo que se propone sale de ahí, de tus posts, tus métricas y tu audiencia.

Llega el lunes y no sabes qué publicar
Abres el mapa y tienes ideas ya encuadradas en tus territorios. No es un post escrito: es no arrancar de cero.
Siempre acabas escribiendo de lo mismo
Ves tus temas repartidos en territorios, así no escribes siempre de lo mismo.
Una idea te gusta pero no es para ahora
Se queda en el banco. No caduca ni desaparece al refrescar.
- Las ideas no se publican solas: son el punto de partida de un borrador, no el borrador.
- Sin territorios definidos, las propuestas salen genéricas. Es el paso que más devuelve de lo poco que cuesta.
- La investigación en la web necesita tu propia clave de IA.
No te pide un tema. Te entrevista.
Pregunta hasta entender qué quieres decir y solo entonces escribe. Sabe tu tono, tus muletillas y las frases que no usarías nunca.

Tienes la idea en la cabeza pero no arranca
Te entrevista sobre tu cliente, tu tono y tus temas, y solo entonces escribe.
Lo que escribe no suena a ti
Lo corriges y esa corrección queda guardada como regla para lo siguiente.
Quieres cambiar algo de un borrador
Tu comentario no regenera a ciegas: te propone un cambio concreto y lo confirmas antes de que reescriba.
Te preocupa que invente datos
Antes de entregarte el borrador, lo revisa contra lo que le contaste.
- El tema y el ángulo los eliges tú.
- Una cuenta nueva sin métricas todavía no tiene de qué aprender: las primeras semanas escribe con tu perfil, no con tus resultados.
- Sin tu propia clave de OpenAI o Anthropic, no escribe nada.
- Todo sale como borrador. Publicar es siempre una acción tuya.
Toda tu semana, en una sola pantalla.
Texto, menciones, imágenes, video o documento, con su fecha y, si quieres, su lead magnet.

Se te cruza un viaje o un lanzamiento
Arrastras la pieza a otro día. No hay que rehacerla ni volver a programarla.
Llevas tu perfil y páginas de empresa
Todo vive en el mismo calendario y eliges desde qué cuenta sale cada pieza, sin cambiar de sesión.
- LinkedIn no permite programar cualquier formato desde fuera: lo que su API no acepta, no se puede automatizar.
- Lo ya publicado no se mueve: solo reprogramas lo pendiente.
Quien comenta la palabra recibe tu recurso, y queda registrado.
Eliges una palabra. La plataforma vigila los comentarios de ese post y envía el recurso por mensaje privado.

Tu post con recurso explota y no das abasto
El envío no depende de que estés delante: va al ritmo que tú fijas.
La persona no responde
Se le recuerda hasta tres veces, espaciado en el tiempo. Si contesta, los recordatorios se detienen solos.
Quieres saber qué recurso funciona
Cada contacto queda con el post del que salió, así ves qué recurso trae más gente.
- LinkedIn limita a quién se puede escribir por privado. Si no hay conexión, se responde en público invitando a conectar: la plataforma no envía solicitudes, solo acepta las que ya te llegan.
- El envío respeta tus topes de ritmo: en un post muy grande, la cola tarda más en vaciarse a propósito.
- Solo para tu perfil personal: LinkedIn no lo permite en páginas de empresa.
No es una lista de nombres: es una lista con contexto.
Cada persona con el post o la secuencia de la que salió, su grado de conexión y si ya está calificada.

Tienes cientos de contactos y no sabes por dónde empezar
Filtras por recurso, estado, grado o fecha y te quedas con los que de verdad tienen sentido esta semana.
Vas a escribirle a alguien y no recuerdas de qué venía
Ahí está el post del que salió, así que el mensaje empieza por algo real.
- Los datos son los de su perfil de LinkedIn y, si pasó por tu landing, el correo que te dejó. Esto no es una base de datos comprada.
Tres respuestas en tu voz, agrupadas por publicación.
La bandeja reúne lo que te comentaron y aún no has respondido. Pides sugerencias y eliges.

Se te acumulan comentarios de varios posts
Los ves juntos y ordenados, en vez de ir post por post en LinkedIn buscando cuál te falta.
No sabes cómo responder sin sonar a plantilla
Salen tres opciones en tu voz. Eliges una y la editas antes de enviar.
- Las sugerencias corren con tu propia clave de IA.
- Nada se envía solo: la respuesta se publica cuando le das a publicar.
- Solo para tu perfil personal.
El mensaje que importaba deja de perderse entre los demás.
Defines las palabras que te importan. Si alguien te escribe usando una, te avisa.

Recibes muchos mensajes y la mayoría son ruido
Solo se te avisa de los que traen una palabra tuya: presupuesto, propuesta, cotización, lo que decidas.
Tardas días en abrir LinkedIn
El aviso llega por correo, así que no depende de que entres.
- Vigila palabras, no intenciones: alguien interesado que no use ninguna de tus palabras no dispara el aviso.
Secuencias de solicitud de conexión y seguimiento, al ritmo que tú fijas.
Eliges a quién, y la plataforma avanza a cada persona paso a paso, sin saltarse el orden.

La persona no es de primer grado
Primero va la solicitud de contacto y solo después el mensaje. Nunca al revés.
Te preocupa el volumen de solicitudes
Hay tope semanal y franja horaria, y los pones tú. La cola espera lo que haga falta.
- LinkedIn vigila la actividad automática, y por eso esto va lento a propósito. Subir los topes es tu decisión y tu riesgo.
- No hay envío masivo: la secuencia va a los perfiles que eliges, al ritmo que fijas.
- Solo para tu perfil personal.
Busca a quien está pidiendo lo que tú haces.
Revisa tu feed por ti y te trae las publicaciones que encajan con las palabras clave de tu oferta.

Sabes que hay oportunidades en tu feed pero no tienes tiempo de leerlo
Se revisa solo y te llega ya filtrado.
No quieres que nadie escriba en tu nombre
Aquí no se contacta a nadie: te lo enseña y contactar lo decides tú.
- Ve lo que tu feed te enseña a ti. No rastrea LinkedIn entero ni busca fuera de tu red.
- Lee el feed por una vía no oficial de LinkedIn: si LinkedIn la cambia, puede dejar de funcionar un tiempo.
El ritmo lo pones tú, no la máquina.
Conectas tu LinkedIn una vez y decides a qué velocidad puede actuar la plataforma en tu nombre.

Tu cuenta es nueva o pequeña
Bajas los topes y la plataforma se adapta. Nunca actúa más rápido de lo que le dices.
No quieres actividad de madrugada
Defines la franja horaria y fuera de ella no se mueve nada.
- Los topes reducen el riesgo de restricción, no lo eliminan: si los subes, el riesgo es tuyo.
- Ningún tope te protege de publicar algo desafortunado: eso sigue siendo cosa del criterio de cada uno.